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Dossier
Nuevos hallazgos de la arqueología en Israel
La huella de múltiples civilizaciones ha quedado plasmada en roca, arcilla y barro, bajo suelo israelí. Es por esto que Tierra Santa es uno de los territorios más ansiados por arqueólogos e historiadores en todo el globo. Descubrir, conservar y mostrar al mundo el pasado multicultural del Estado judío se ha convertido en una actividad estimulante y altamente satisfactoria: no importa demasiado en qué rincón comiencen a buscar, seguro la historia los encontrará. Estos son los más recientes hallazgos arqueológicos reportados en Israel

Un equipo israelí descubre cómo comían nuestros ancestros hace 400 mil años

 

Dientes humanos encontrados en una cueva en Israel donde residieron nuestros antepasados hace unos 400 mil años, han arrojado luz sobre las costumbres prehistóricas de alimentación, muy alejadas a cómo comemos hoy en torno a una mesa.

Un equipo de la Universidad de Tel Aviv ha analizado meticulosamente dientes humanos prehistóricos hallados en la cueva de Qesem, localizada en el centro de Israel, en el año 2000, y ha elaborado a partir de ellos el patrón de comportamiento que siguieron sus habitantes sobre qué comían, con qué potencia masticaban y cómo cortaban los alimentos antes de llevárselos a la boca. Todo gracias al desgaste, desgarro y pequeñas fisuras que aparecieron en gran parte de las piezas dentales, que permitieron a los científicos reconstruir cómo cortaban el alimento en pequeños trozos antes de deglutirlo.

El procedimiento consistía en coger un trozo de carne de tamaño considerable con una mano y agarrarlo fuertemente por un extremo con los dientes, mientras que con la otra mano se empleaba el filo de un pequeño sílex para cortarla o desgarrarla en el aire, de tal manera que el individuo pudiera ingerir un pedazo razonable.

Pero estos modales podían tener sus riesgos y los menos experimentados llevarse un tajo en los carrillos (cachetes), encías o los propios dientes con los mismos cantos tallados, lo que provocaba esas incisiones que despertaron la curiosidad de los investigadores.

“Vimos que había pequeños cortes en la parte exterior del diente, que fueron hechos con herramientas como rocas duras o sílex con los que cortaban la comida y en la maniobra podían dañárselos”, explicó Rachel Sarig, antropóloga dental y odontóloga de la citada universidad, que lideró el estudio publicado este mes en la revista científica Quaternary International.

Gracias a las marcas dejadas en los dientes por estos primitivos utensilios de cubertería, analizadas con microscopio electrónico, los investigadores han sido capaces de reconstruir el patrón de comportamiento, aseguró. El estudio analizó trece dientes pertenecientes a unos once individuos diferentes, en su mayoría niños o jóvenes adultos. La gran cantidad de arañazos, su forma y ubicación similar llevaron al equipo a descartar la posibilidad de que las marcas fueran hechas tras la muerte por animales o fenómenos naturales.

Otra de las conclusiones sugiere que estos homínidos debieron emplear una gran potencia a la hora de masticar: “Tenían músculos muy desarrollados y esto se debe a la combinación de comidas duras y una alta capacidad muscular”. Prueba de ello es el amplio desgaste de las piezas pese a pertenecer a jóvenes, lo que sugiere que tenían además una dieta muy abrasiva que, según Sarig, implica que la consistencia de la comida era dura y requería mucha masticación al no estar compuesta solo por proteínas animales, sino también vegetales como semillas.

Pero los dientes aún no han revelado qué tipo de homínido vivió en Qesem. Y es que la falta de restos humanos de importancia en el yacimiento trae a los arqueólogos de cabeza.

“Las personas que vivieron en esta zona hace 400 mil años eran hábiles y capaces de cazar diferentes animales, seleccionar partes del cuerpo de la presa, cocinarlas —encontraron la evidencia más temprana del uso de fuego controlado— y luego consumir las partes seleccionadas y extraer la médula”, expuso Ran Barkaí, arqueólogo que intervino en el estudio.

El retraso en la ingesta de las partes de alta calidad de la presa implica que la carne era compartida con otros miembros del grupo.

Qesem se ha tornado desde su hallazgo en una mina de pequeñas herramientas de piedra, generalmente recicladas de otras de mayor tamaño y que fueron empleadas para cortar y despedazar a modo de rudimentarios utensilios de cubertería.

“El foco de esta actividad se daba en una zona central de la cueva, donde se asaba la carne y se comía en pequeños trozos”, precisó Barkaí al subra­yar la gran cantidad de huesos de animales con marcas de cortes causados por las herramientas, lo que indica que eran despedazados.

Los arqueólogos consideran al habitante de Qesem un eslabón intermedio entre Homo Erectus y el Neardenthal, pues con ambos comparte afinidad. “Sabemos una mínima parte de todas las actividades que realizaban en la cueva, pero sí sabemos que la habitaron durante 250 mil años, lo que en sí supone una forma de supervivencia exitosa desde el punto de vista evolutivo”, concluyó el investigador.

 

Fuente: EFE

 

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Cerca de Beit Shemesh

Niño descubre figurilla de la época del Primer Templo

 

Un niño de 8 años que estaba en un paseo con su familia en el área de Beit Shemesh hizo accidentalmente un hallazgo arqueológico, anunció la Autoridad de Antigüedades de Israel.

Itai Halpern, de Pardesiya, recibió un certificado de honor tras descubrir la cabeza de una estatuilla del período del Primer Templo y entregarla a funcionarios de la Autoridad de Antigüedades (IAA por sus siglas en inglés). El salón de la escuela de Halpern fue invitado a participar también en una excavación arqueológica.

Halpern estaba haciendo senderismo con su familia cuando recogió del suelo un objeto redondeado. De inmediato se percató de que la pieza de cerámica era la cabeza de una escultura. La familia reportó rápidamente su descubrimiento a la IAA, el arqueólogo Alexander Glick se encontró con ellos, y les informó que habían hecho un hallazgo históricamente significativo.

 

Itai le comentó a Glick que recientemente había visto una película de Indiana Jones y quería ser como él al crecer. Descubrir la estatuilla fue un sueño hecho realidad.

Alon de Groot, experto en la Edad del Hierro de la IAA, identificó el descubrimiento como la cabeza de la escultura de una diosa de la fertilidad. “Figurillas de este tipo, representando mujeres desnudas que simbolizaban fertilidad, eran comunes en los hogares de los habitantes del reino de Yehudá desde el siglo VIII antes de la era común hasta la destrucción del reino por los babilonios en la época de Zedekíah (586 aec)”, explicó. De Groot añadió que “esas figurillas sirven en nuestras investigaciones como marcadores del área controlada por el reino de Yehudá”.

La arqueóloga Ana Irich dijo que Beit Shemesh, donde se encontró la figurilla, era un área residencial durante el período del Primer Templo: “Beit Shemesh aparece mencionado como una ciudad en la zona de la tribu de Yehudá. Durante la época del Primer Templo existía una gran ciudad en el área, que era un centro comercial. La urbe estaba rodeada por una muralla y contenía muchas estructuras residenciales, así como edificios públicos que han sido excavados: depósitos y una impresionante red de abastecimiento de agua”, explicó.

“El rey asirio Senaquerib saqueó Beit Shemesh en el año 701 aec, y la destrucción del área fue completada en 586 por el rey babilonio Nabucodonosor”, agregó Irich.

 

Fuente: The Jerusalem Post. Traducción NMI.

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Itai Halpern con su hallazgo de hace 2800 años

Arqueólogos revelan imponente mosaico “africano” en la ciudad israelí de Lod

 

Arqueólogos israelíes revelaron

un imponente mosaico de patrones africanos elaborado hace más de 1700 años en la ciudad de Lod, al sureste de Tel Aviv, para una rica e influyente familia de identidad desconocida.

El mosaico, de 11 por 13 metros y hallado en el patio central de la que llegó a ser una monumental vivienda entre finales del siglo II y comienzos del IV, se encuentra en el mismo complejo en el que fue descubierto hace más de una década el conocido como “Mosaico de Lod”, exhibido en algunos de los museos más famosos del mundo, entre ellos el Louvre.

“Este era el suelo de una villa romana y lo que vemos es un magnífico mosaico realizado por artistas que llegaron hasta aquí desde el norte de África”, dijo Haguit Torge, arqueóloga de la dirección de Antigüedades de Israel, a cargo de un yacimiento que fue descubierto durante la construcción de una autopista.

El nuevo mosaico contiene animales y formas que en ningún momento aparecen en la Biblia o documentación paralela, por lo que difícilmente artistas locales podrían haberlos hecho.

Torge explicó que los autores de esta pieza son los mismos que realizaron el “Mosaico de Lod”, actualmente expuesto en Venecia, con la gran diferencia de que este es mucho más grande y vistoso. “El otro estaba en la sala de recepción, este está en el patio central, lo que nos ofrece más información sobre el tamaño de la hacienda y la riqueza de la familia que habitaba en ella”, subrayó.

Símbolo de su opulencia es el ánfora con vino del que beben dos palomas, que trataba de trasmitir a la vez una cálida bienvenida al visitante y un claro mensaje de que el anfitrión era persona pudiente, conclusión que se afianzó durante el proceso de desescombro, en el que se han hallado mesas de mármol, monedas, cerámicas y otros utensilios típicos de familias adineradas.

Aunque sus cimientos y primeras construcciones datan de la época romana, cuando estuvo habitada por una familia judía, parece que la villa fue reconstruida y ampliada en al menos dos ocasiones, tuvo varios ocupantes y alcanzó su máximo esplendor durante la época bizantina, a partir del año 324.

Habitada desde hace más de 5000 años, Lod fue por aquellos siglos uno de los epicentros de la vida pública de la región, particularmente desde que el emperador romano Septimio Severo le concedió el estatus de polis en el año 200, pasando a ser conocida como Diospolis (Ciudad de Zeus).

En esos años, el incipiente Cristianismo se propagaba por sus calles, aunque los arqueólogos no se atreven a decidir si los propietarios eran de esta entonces nueva religión, paganos o judíos. “No hay símbolos religiosos, podía ser cualquiera”, destaca Torge sobre un período en el que la ciudad se fue haciendo más pagana porque, a partir de finales del siglo II, los judíos emigraron en su mayoría a la Galilea.

Las monedas de la época, que por su estatus de polis Lod podía acuñar, contenían en gran medida símbolos paganos y la simbología del mosaico tampoco ofrece pistas. Sus tigres (“entrenados para matar”), venados, delfines y otros animales exóticos no son suficiente indicio como para deducir la identidad de los propietarios, aunque sí la de los artistas, que llegaron desde el norte de África. Probablemente los propietarios eligieron los diseños a base de (pequeñas) maquetas”, creen los arqueólogos, que aseguran que el patio rodeado de columnatas era una de las zonas centrales de la vivienda. “Allí, en los corredores detrás de las columnas, tenía lugar la vida familiar, comían y se reunían con amigos y otros invitados. Había bancos y sofás mirando hacia el mosaico”, sostiene Toger.

La villa cambió radicalmente en el siglo IV, cuando un nuevo ocupante —esta vez cristiano— la amplió y le agregó nuevas habitaciones y fuentes, pero conservando el mosaico de patrones africanos. “Cambiaron toda (la fisonomía de) la zona, la ampliaron y construyeron numerosas instalaciones de agua”, resalta Toger.

Según los restos hallados, la vivienda siguió en uso hasta bien entrado el perío­do musulmán, a partir de 638, aunque un siglo después un terremoto castigaría la ciudad y Lod fue abandonada en favor de una nueva urbe que acababa de ser inaugurada: la vecina Ramle.

 

Fuente: EFE

Foto: Autoridad de Antigüedades de Israel

 
 
 
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